Compañías farmacéuticas y dinero

Compañías farmacéuticas y dinero

El precio de los medicamentos es un tema recurrente en algunas conversaciones con amigos y colegas de la facultad, e incluso con mis familiares y personal de los lugares donde he estado de prácticas. Con especial atención a los fármacos para tratar el cáncer, aunque desde luego entran en liza todo tipo de drogas.

Cada cierto tiempo vuelvo a toparme con este dilema. En 2017 reflexioné mucho sobre ello. Investigué sobre la situación de las farmacéuticas, sobre sus precios, sus directivos y sus intenciones. Hace unos días Marta Sibina Camps, una Diputada del Congreso, devolvió mi interés por este tema. Publicó un video muy crítico con la fijación de los precios de los medicamentos. Ello derivó, una vez más, un una buena conversación con mis amigos. Vengo a sintetizar todo lo que he descubierto, leído y conversado durante este tiempo, desde que me interesé por el tema por primera vez hace algún tiempo, hasta la presente semana.

Reflexiones sobre los beneficios


Empecemos por 2017. En un repaso de mis redes sociales me tope, hace algo más de un año, con este artículo de la BBC donde se habla precisamente de las farmacéuticas desde una perspectiva iluminadora. Su primer párrafo es toda una metonimia; salta de la industria bancaria a la farmacéutica sin inmutarse, fundiéndolas. Con un título que podríamos traducir como “Las farmacéuticas se drogan con los beneficios”, el texto evidencia la falta de compromiso para con la sociedad, o su excesiva adulación a los números verdes en las cuentas. Abusando de la especulación de precios y del sistema de patentes, son capaces de duplicar los beneficios netos de casi cualquier industria del mundo actual. Con facilidad. Una lectura muy interesante.

Por aquel entonces estaba leyendo el libro de Mónica Lalanda “Con-Ciencia Médica”, manual sobre los valores y moral del médico. Es una pequeña obra ilustrada en formato cómic que resume muchos tópicos médicos, vistos por los médicos. Critica, en tono humorístico, las infracciones del código deontológico. Por otro lado, promueve soluciones para el futuro del sistema sanitario. En definitiva apela a los estudiantes. Dentro de poco recaerá sobre nosotros la responsabilidad de estar al frente de los pacientes y de mejorar el sistema de salud. Nuestra es la responsabilidad de que todo funcione. También debemos denunciar lo que no sea correcto. Vaya, que es un libro muy interesante tanto para estudiantes como para médicos. Lo he recomendado más veces en este blog. En esa ocasión, mientras lo leía, conectaba los dibujos de Mónica Lalanda con la crítica del artículo que había leído.

La reflexión se me hizo necesaria. En una cita del artículo de la BBC, el doctor Brian Druker se pregunta en que momento cruza una farmacéutica la línea de los beneficios esenciales y llega a la especulación por el beneficio. Siendo esencial solamente el dinero que permite a la empresa cubrir gastos, investigar en nuevos fármacos y tener cierta seguridad frente a perdidas en otros negocios, es de difícil comprensión pensar en la necesidad de abultar el negocio aun más.

Pero veo el mismo problema que en otras empresas; consejos directivos, inversores y accionistas y mercados bursátiles ávidos de números positivos, altas ventas. Riesgo de quiebra a la vista si no siguen el circulo vicioso de “siempre ganar más”. No están menos atados de manos de lo que estamos nosotros en nuestra profesión. No obstante, las farmacéuticas también tienen margen de actuación. Me refiero al uso que le dan al dinero que generan.

Que hacen las empresas farmacéuticas


Según GlobalData solo existe una empresa del sector que invierta más dinero en investigación y desarrollo que en publicidad (Hoffman-LaRoche, Suiza). Ahí esta el problema. Las farmacéuticas se gastan millones de euros en publicitar sus drogas por encima de la competencia, en promocionarlas como una buena opción. Gastan más dinero en el marketing que en el estudio de nuevas drogas (imagen inferior). Todo ello a pesar de que podrían destinar los miles de millones de beneficios sobrantes, reinvertirlos directamente en hacer más bien, en más desarrollo de drogas. Pero no lo hacen.

Se balancean en la cuerda floja de los beneficios, intentando mantenerse lo más arriba posible, donde sea más fácil cazar los billetes. Desde luego, los directivos de ciertas compañías se deberían replantear estudiar y aplicar el código deontológico y ético médico (o farmacéutico). Quizás si dichos directivos fuesen médicos o farmaceúticos…

Consejos directivos

Con datos de 2017, tomando como ejemplo a Hoffman-LaRoche; su comité ejecutivo encargado de dirigir la compañía –solo por detrás en jerarquía de los propietarios de la compañía– esta formado por 2 médicos, el Dr. M.D. Varney y el Dr. J.C. Reed, y una farmacéutica de carrera, la Dra. S. Kornowski-Bonnet. Dicho comité ejecutivo tiene 11 miembros. Estos tres ejecutivos se encuentran en la parte baja de la dirección, son coordinadores de investigación y asociación. Cabría pensar su posible influencia para fomentar el I+D de la empresa. Sin embargo, una comparación con Novartis, competidora directa de la anterior compañía –ambas son, además, suizas-, revela que esto no es así. Hay 6 médicos entre los puestos directivos de Novartis y sin embargo es la segunda farmacéutica que más ha invertido en publicidad. Deseo que en el futuro los médicos y farmacéuticos que lleguen a puestos de alta responsabilidad en multinacionales farmacéuticas sean capaces de presionar a las empresas para que se aplique el código deontológico y se destine más dinero a I+D.

Beneficio mayor

Otros puntos centrales que aducen las farmacéuticas en defensa de los precios desorbitados suelen ser el bien mayor y los beneficios sociales; es habitual que sus drogas sean más baratas que otra anterior o más baratas que otros procedimientos para salvar vidas. Ahorran dinero. O eso dicen. Atribuyen un valor social a su producto. “La hepatitis C solía necesitar un trasplante de hígado. Hoy en día la podemos curar con un proceso de 3 meses de duración (Nota del autor: y unos 25.000€ de caja de por medio), nunca necesitarán la cirugía y podrán seguir ayudando a sus familias”. Lo cierto es que el precio de un trasplante es el mismo, pero conlleva muchos mayores trastornos. Cobrar lo mismo por el tratamiento con sofosbuvir que por el trasplante, simplemente por poder hacerlo, no es ético ni moral. Un fármaco que podría ayudar a 71 millones de personas, según la OMS, si tuviese un precio ajustado. Marta Sibina incide brevemente en este aspecto, que considera muy criticable. Es un abuso de la confianza de la sociedad, y más si eso significa que los precios son desorbitados, muy por encima del beneficio lógico.

Patentes

Aun más; sigue siendo inmoral alegar que el precio también esta influido por el periodo de patente; tras procesos de investigación que pueden durar hasta 12 años, una patente típica de 20 años de duración “solo” permitiría 8 años de rentabilidad. Es por ello que incluso suelen hacer uso de bufetes de abogados para poder alargar este periodo de patente. Un solo año suele influir de manera abrumadora. Pongamos como ejemplo la situación del imatinib en 2014; es un fármaco usado para tratar, entre otros, leucemia mieloide crónica. Su patente, por entonces, seguía en vigor. El precio anual en EEUU era de unos 100.000$: con un volumen de venta que equivalía a tratar 250.000 personas al año. Los ingresos ascienden a 25.000 millones anuales. Solo por esa molécula. Eso es 10 veces el presupuesto español para educación de 2017.

Aun así existen bufetes de abogados que, en 2014, lucharon por alargar el periodo útil de patente de ese fármaco un año, hasta 2015. Consiguieron su objetivo, retrasando el acceso al millón de personas en todo el mundo que se podría beneficiar de esta droga durante, al menos, ese año. Esto es lo que denunciaron más de 100 oncólogos en una carta conjunta en aquella fecha. Aunque estos profesionales no solo protestaban por su caso, el imatinib y la leucemia; hacían extensiva su queja a muchos otros medicamentos contra el cáncer, y otros medicamentos útiles en diferentes áreas medicas que también son objeto de abuso.

Continuando con el ejemplo del imatinib cabe resaltar un curioso elemento del mercado de las drogas legales. Hablo de la competencia. Entre diferentes empresas o contra organismos públicos. Tenemos un caso interesante en Corea. Durante los últimos años de patente del imatinib la empresa Ilyang Pharmaceutical comercializó una molécula con efectos similares (radotinib). La presencia y aprobación de este medicamento en dicho país supuso una reducción del coste en el tratamiento de la leucemia; el precio fijado para imatinib anual en EEUU era de 100.000$, se redujo en Corea a 20.000$. El primer fármaco tenía que competir con su homólogo radotinib, cuyo precio de mercado eran esos 20.000$, mucho más ajustado.

Hoy en día, acabada la patente, el imatinib se comercializa a precios tan bajos como 700€ (actualización 2018: se encuentra por encima de los 2000€) y no es difícil encontrar el radotinib a 200€ o menos. Irrisorio comparado con su coste hace años.

Cabe imaginar que si un organismo público hubiese descubierto y producido la molécula los precios se habrían derrumbado aun más. Hasta cantidades irrisorias, presumiblemente. Es por ello que se hace aun más necesaria la investigación y desarrollo en medicina por parte de organismos públicos. También la protección de los descubrimientos de estos organismos: vender las drogas descubiertas a farmacéuticas debería ser la última opción. Desgraciadamente es algo que ocurre, tanto desde el punto de vista del sector público como del de la “pequeña” farmacéutica que vende sus patentes a una mayor (o que directamente es comprada por otra empresa). Esto es un hecho flagrante a su vez pues estos gastos de compra de patentes se justifican como gastos en I+D, cuando ciertamente no lo son. Al menos no directamente.

¿Qué podemos hace nosotros?


Debemos plantearnos cual es nuestra función en este mundo. Debemos plantar cara en defensa de los pacientes. Los estudiantes aprendemos ética y deontología en la facultad. Podemos desarrollar nuestro pensamiento y nuestra moral de muchas otras maneras. Esto es necesario; cuando lleguemos a ejercer nuestra profesión y a velar por los derechos de las personas enfermas tendremos que luchar también por precios justos -desde el punto de vista de la sociedad- en los fármacos. Luchar por genéricos efectivos. El médico tiene una serie de obligaciones. Entre ellas está el denunciar y avisar de los defectos del sistema, así como trabajar para que se solucionen. Un primer paso es avisar de que ocurren, un segundo paso presionar para que se cambie.

Quizá este pequeño texto de para muchas más reflexiones. Esa es una de mis intenciones. Reflexionar yo mismo y hacer reflexionar. Es también nuestro deber. Por ejemplo, mientras escribía estos párrafos descubrí que el 70% del gasto mundial en medicamentos se hace entre EEUU, Japón, China y EU5 –Italia, Francia, Reino Unido, Alemania y España. Siendo una parte tan grande del mercado de las farmacéuticas todos estos países deberían ser capaces de luchar y presionar en contra de los intereses de dichas farmacéuticas. Ahora toca rumiar como podrían hacerlo. Pero en definitiva lo que si podemos hacer es contribuir al debate.

“Soy una diputada y necesito tu ayuda”


Quiero dedicar unas palabras sobre el manifiesto de la Diputada Marta Sibina y a las conversaciones que he tenido al respecto. Lo primero que salta a la vista es que no se identifica directamente con ningún partido político, aunque criticaba a dos de los principales. Ciertamente me resulto “difícil” encontrar su afiliación política (en el sentido de que todo hoy es visible y este tipo de cosas se suelen poner en la biografía de Twitter o en la descripción del video y en esta ocasión no era así).

Aunque en el video puede dar lugar a error creo que el mensaje que quiere transmitir es que necesita que este tema salga a las calles, se comente, llegue a los medios de comunicación. Solo así se creará, según ella, el revuelo suficiente como para que el debate llegue al congreso. Es una propuesta loable, aunque con límites.

Analizando los datos que ofrece en el video vemos que son un poco sesgados: compara los precios que se fijan en España exclusivamente con el Reino Unido. Aquí pagamos más que en ese país por algunos fármacos. Si, pero menos que en muchos otros países o menos en otros fármacos, a pesar de que eso no lo comenta con lo cual da la sensación de que esté usando los datos injustamente a su favor. ¿Hasta que punto es moralmente aceptable intentar producir un cambio social dando datos interesados? Eso si, siendo el objetivo final que haya un debate en el congreso, a través de crear revuelo, es bastante concluyente. Es curiosa la elección de comparar España con el Reino Unido pues justamente mi interés por este tema vino a través del artículo que apareció en la BBC en 2017 y que he comentado al principio del artículo.

Por otro lado hace dos reflexiones interesantes sobre temas que hemos tratado en estas líneas. Habla de que tan solo el 16% de los gastos de las farmacéuticas son dirigidos a investigación y que el beneficio de los fármacos es, en algunas ocasiones, de hasta el 1000%. Es un punto potente.

Una reflexión interesante que hace Marta en su twitter: Comparativa de beneficios entre diferentes sectores. Las farmacéuticas ganan más que nadie.

No obstante una compañera de mi universidad, estudiante de farmacia, me comentaba que realmente no hay un objetivo claro en el video. Está muy bien que se quiera hablar de esto en el congreso, ¿pero qué se busca? ¿Qué se eliminen algunas patentes? ¿Qué se baje el precio forzadamente? Ciertamente las empresas buscan ganar dinero, las farmacéuticas como hemos visto no son una excepción. Pero es de gran utilidad que estas empresas sigan existiendo y produciendo nuevas drogas, avanzando en pos de la salud colectiva. Realmente el problema no son ni los farmacéuticos ni las empresas, sino el abuso que se hace del sistema de fijación de precios.

Push, Pull and Pool: Otra solución es posible


Apostar por nuevas drogas, crear una piscina de fármacos y empujar a las empresas a desarrollarlos son tres medidas que pueden solucionar el problema de los precios. Son las 3P: Push (aPostar), Pull (empujar) y Pool (Piscina). Las traducciones al español son de un servidor.

Médicos Sin Fronteras presentó en 2015 está propuesta que separa el proceso de investigación y desarrollo del de fijación de precios. Promueve que unas empresas se encarguen de desarrollar y probar nuevas moléculas con patente libre, de modo que cualquier organismo pueda realizar ensayos clínicos por su cuenta. Incentiva a que se tome esta medida mediante subvenciones por meter las drogas en la piscina de patentes u con premios en dinero para quien descubra nuevas combinaciones útiles de fármacos. Todo esto con dinero público. Después las compañías de genéricos pueden encargarse de producir el fármaco a un precio razonable. Desligar los dos procesos consigue que los precios se reduzcan.

Eso sí, parece un objetivo ciertamente difícil: hay que conseguir que un gran número de empresas y de estados estén de acuerdo con el sistema y trabajen en la misma dirección. No resulta posible que las empresas estén a favor de reducir sus beneficios introduciéndose en este mercado. Por lo tanto serían necesarias grandes subvenciones, algo que es probable que los estados no solo no aceptasen, sino que no pudiesen financiar al menos en un principio, mientras los dos sistemas (fijación de precios /// colaboración) estuviesen presentes a la vez.

No obstante no deja de ser una propuesta interesante y un intento de solución. En el video de Médicos Sin Fronteras hablan de la utilidad de este sistema para la mejora del tratamiento de tuberculosis. Me viene a la mente que el tratamiento de infecciones bacterianas también podría ser influenciado positivamente por esta propuesta. Hoy en día es difícil incentivar a las empresas a investigar nuevos antibióticos, necesarios contra la gran resistencia que están desarrollando las bacterias, pues tienen poco margen de beneficio. Pero desde luego cualquier ámbito podría ser objeto de las políticas “Push, Pull and Pool”. En otro momento hablaremos más específicamente sobre esta posible política, en la que ya hice incursiones en este blog hace un tiempo.

Reflexiones finales


Es responsabilidad de muchos grupos conseguir que los sistemas sanitarios funcionen. La política sanitaria es básica para que estén bien engrasados, así como conseguir que los gastos sean los justos y necesarios. A veces las empresas farmacéuticas abusan de este último punto fijando precios excesivos. A pesar de que ofrecen razones para esos precios (como el tiempo y los costes de investigación que no permiten sacar rentabilidad a las patentes, o el valor social del nuevo tratamiento) hemos visto que en muchas ocasiones estas razones no se sostienen. Sin embargo es indiscutible la necesidad de la existencia de estas compañías para que la salud siga mejorando.

Todos podemos hacer un cambio en nuestro entorno. En especial, como médicos (y también como farmacéuticos) tenemos la responsabilidad de actuar en con el Código Deontológico en mente. Hagámoslo.

 

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