Escucha activa

Escucha activa

Escuchar es una habilidad infravalorada, olvidada. Pero que es central en las vidas si queremos sentirnos completos. Es un arte al alcance de quienes lo trabajan. Un acto tan simple que se escurre y desaparece ante cualquier otra acción. De hecho podríamos decir que es actuar desde la pasividad. Aunque también implica cierto grado de atención. Escucha activa. Aquella que apela al corazón, al ser emocional. Escucha empática, quizás. La que nos permite ver a través del hueso y la piel, hasta el final de la mente de una persona.

Estamos hablando de un regalo al alcance de unos pocos, si bien es un regalo que todas las personas podríamos recibir. Cada día tenemos oportunidades de escuchar. Cada día las desperdiciamos. He ahí la belleza de nuestro compromiso. Intentar escuchar cada día más que el anterior. Empatizar y unir con pequeños pasos. Volver a las verdaderas intenciones, a ser naturales en las mismas.

Las facetas que tiene la escucha activa son interesantes. Existe la escucha en el dolor. A personas, pacientes y familiares afligidos por enfermedades más y menos graves. O por situaciones que les trastocan sus vidas. Padres y madres con lagrimas por sus hijos, enfermos postrados pidiendo a gritos echar de su cuerpo toda su angustia, una anciana sin gente cercana a la que hablar. Ahí tiene caldo de cultivo la escucha. En la cercanía al prójimo. En estar junto a cada persona y comprenderla, y quererla, y acompañarla.

Resolución de conflictos. Podríamos hablar de los grandes conflictos de la humanidad, pero empecemos por abajo. Por la cotidianidad. Enfados, gritos y enfrentamientos entre amistades, familia y gente cercana. Problemas que no darían comienzo si tuviesen prevención (pero cuya cura no difiere en tratamiento – la escucha activa). Un poco más arriba, hablamos de colectivos. Estudiantado, profesorado, investigación, personal de servicios… Luchas interinas entre diferentes clases que impiden que la fuerza vaya en la dirección común. Luchas que se solucionarían con una gotita de voluntariedad. La escucha no es solo una solución, es un tipo de producción intelectual. Nuevas ideas, nuevos proyectos y caminos únicos se abren en la reflexión que hacemos tras abrir nuestros oídos. Todo ello aplicable a las situaciones más traumáticas del mundo: política, ecologismo, feminismo. Un baño de escucha sería frescor suficiente.

También en el amor. En el cariño a la pareja, a la amistad y a la familia. Esta última tiene en la escucha activa una gran aliada. Inseparable desde el nacimiento: sin el oído no habría una buena maduración neurológica. Las amistades se forjan en las conversaciones, en los momentos de unidad. Momentos repletos, oh sorpresa, de escucha activa. El respeto a la pareja, forjado desde el entendimiento que solo se produce de una manera…

No quiero alargar más este alegato. En el mundo hace falta más escuchar y menos hablar. Más poner el oído para ayudar, para crecer juntos como humanos, para generar sociedad civil, para mejorar. Escucha activa como principio vital. Podría pedirlo: ojalá fuese fácil. Pero no hace falta. Ya es fácil. Silencio. Escucha.

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