Sobre mi futuro como médico

Sobre mi futuro como médico

Ha pasado por mi mente en múltiples ocasiones un pensamiento sobre mi idoneidad para la profesión de la medicina. Sobre mi capacidad personal para practicarla. E indudablemente este tipo de pensamientos tienen una fuente, un origen. Las notas, las calificaciones. Números. Malditos e indescifrables a veces.

Recientemente Leucocito Curioso hizo una oda acerca del número del MIR (aquí el enlace). Un texto sobre la etiqueta que supone, sobre los sentimientos que provoca. Es un texto muy motivador e inspirador que me guardo para volver a leer en futuras ocasiones, en cualquier momento. Lo dejo en un lugar privilegiado con razón: por la emoción que me embarca al pasar por sus palabras y por las reflexiones que me planteo tras su lectura. De hecho, de ahí ha venido mi última reflexión sobre lo que llamo la idoneidad profesional, aunque quizá el término no se ajusta a lo que quiero expresar.

Mi planteamiento es el siguiente. Voy superando la carrera. Ha caído algún suspenso. En otras asignaturas saco notas bajas. En otras mejores y incluso notas altas. Sin duda también es una constante que las panzadas de estudio acaben en amnesias retrogradas a las pocas semanas del examen de cada asignatura. Por lo tanto me entra, periódicamente, un gran pánico y desasosiego. ¿Qué va a ser de mi en el futuro si no soy capaz de recordar información básica de la carrera? ¿Cómo voy a poder ser médico si hay fundamentos de fisiopatología que no recuerdo, ni siquiera someramente? La angustia se palpa y mi mente empieza a entretejer ovillos liando todo lo que puede estos pensamientos.

De estas situaciones salgo, o al menos eso recuerdo, o eso quiero pensar, diciéndome a mi mismo que en gran parte la base no es cierta. Recuerdo mucho más de lo que creo que recuerdo. Simplemente lo veo como información tan básica que no pienso que sea “algo importante para mi futuro”, o para el ejercicio de la profesión. Esto lo veo cuando no estoy hablando con mis compañeros de carrera, sino con personas de otras carreras, o ajenas totalmente al mundo sanitario. Es en esas situaciones, cuando tengo que explicar cosas que yo doy por sentadas, como si fuesen conocimientos básicos (que en cierto sentido lo son, y por eso los tengo integrados), cuando me doy cuenta que si he aprendido. Que quizá sí pueda ser un buen profesional.

Aunque se nos olviden cosas, aunque no recordemos el tratamiento de cierto síndrome o la clasificación de una enfermedad… Sí que tenemos mucha información en nuestra cabeza. No podríamos, de otra manera, hablar con soltura la jerga médica con nuestros compañeros en la carrera y en los rotatorios. Sí, hemos aprendido. Sí, hemos avanzado desde que entramos en la carrera. Y avanzaremos.

Espero, también imagino, que el futuro seguirá para mi un camino formativo. Que las cosas que necesito para la práctica médica están siendo integradas en mi lentamente. Sin pausa, sin prisa. Pero grabadas a fuego en la mente de cada estudiante. Como una progresión infinita que acaba con la jubilación. Quizá este pánico que siento, esta angustia que me invade, desaparezca cuando sea un residente. O cuando sea adjunto. O quizá no desaparezca nunca y me sirva de motor necesario para continuar formándome, intentando ser el mejor médico y la mejor persona que el mundo puede hacer de mi.

Por tanto ser un buen médico y un médico bueno.

Acabo de recordar otro de los pilares que han inspirado este pequeño texto. Estoy inmerso  en la asignatura de ética médica (en realidad acabo de terminar y superar la misma). Es habitual que un tema de conversación en las clases sea la capacitación profesional. O quizá solo estoy buscando una base racional a un pensamiento emocional que me surge cada cierto tiempo. Sea como fuere, me siento mucho más cómodo dejando mis pensamientos escritos. Así que aquí quedan. Espero que puedan ayudar a reflexionar como me ha ayudado a mi.

Requisitos para ser buen médico, de Mónica Lalanda

 

2 comentarios

  1. Luis dice:

    La angustia a no recordar, el pánico de “se me ha olvidado todo después del examen” se modula de forma continua con la constante actualización y puesta al día que requiere nuestra formación, no paras de formarte, informarte y crecer. Creo que esa angustia está presente y después, cuando no tienes exámenes, la conviertes en curiosidad: por qué ocurre esto, que se yo realmente de eso y que es lo que saben los demás de este tema. Lo curioso es que cuando investigas sobre lo que saben los expertos te das cuenta que aún tienen más dudas que tu e incluso muchos menos conocimientos
    Las conocimientos mecánicos como dosis de tratamientos son fáciles de mantener cuando estas haciendo lo mismo todos los días. Un buen médico es el que se plantea dudas e intenta resolverlas.

    Por otro lado tomamos decisiones que creemos basadas en la evidencia pero no es cierto, muchas pueden ser impulsivas, adaptadas, moduladas por el último artículo que leíste, la última guía.

    Es importante escuchar, observar y reflexionar pero hay que actuar. Las decisiones difíciles siempre deben ser compartidas con otros profesionales, es un juego en equipo. Es importante saber con quien juegas y contra quien y por eso es tan importante la ética en nuestra profesión.

    No creo que resuelva todas tus dudas, angustias o pánicos pero estoy de acuerdo con el Médico en Piezas y con el Leucocito curioso que es importante ser competente en la profesión pero eso no es un número

    • Interesante reflexión sobre la impulsividad de las respuestas y sobre la mecanicidad de nuestras acciones. Gracias por tu comentario.

      Sin duda, hay acciones que son tan importantes, que deben ser tan valoradas… Y aun así son pequeñas pero se repiten de tal modo que llegan a ser decisivas en nuestro futuro.

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